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¿Dime con quién andas…? Cómo gestionar las amistades de nuestros hijos sin morir en el intento

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A todos nos ha pasado. De repente, nuestro hijo adolescente empieza a pasar tiempo con un grupo nuevo y, casi instintivamente, se nos activan todas las alarmas. «¿Serán una buena influencia?», «¿Por qué ha cambiado tanto su actitud?», «Es que desde que va con esos amigos…».

En el último espacio de «En Familia» de COPE Valladolid hemos abordado uno de los temas que más quebraderos de cabeza genera en los hogares: la influencia de las amistades en la educación de nuestros hijos.

La trampa de la crítica directa

Cuando detectamos que una amistad no es «el camino correcto», el error más común es lanzarnos al ataque: criticar al amigo, intentar prohibir la relación o explicar mil veces por qué esa persona es una mala influencia.

¿El resultado? Generalmente, el contrario al que buscamos. En la adolescencia, el sentido de pertenencia al grupo es vital. Si atacamos a sus amigos, el adolescente siente que estamos cuestionando su propia personalidad y criterio. Al final, solo conseguimos que se ponga a la defensiva y que ese lazo que queremos debilitar se haga, curiosamente, mucho más fuerte.

El enfoque de la responsabilidad personal

Entonces, ¿qué podemos hacer? Diego Velicia nos propone un cambio de enfoque muy potente: separar la elección de amigos de la elección de responsabilidades.

El mensaje que debemos transmitir no es «no vayas con ellos», sino algo parecido a esto:

«Tú puedes elegir a tus amigos, pero no puedes elegir tus responsabilidades».

Hay personas que nos hacen más fácil cumplir con nuestros compromisos y otras que nos lo ponen más difícil. Pero, independientemente de con quién decida juntarse nuestro hijo, su obligación de estudiar, de llegar a la hora acordada o de respetar las normas de casa sigue siendo suya.

Al hacerlo así, no cuestionamos su libertad para rodearse de quien quiera, pero le enviamos un mensaje de confianza y autonomía: confiamos en que es capaz de cumplir con lo que le toca, incluso si su entorno no se lo pone fácil. Es, sin duda, una forma mucho más madura y efectiva de acompañarles en su crecimiento.

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