A menudo tendemos a etiquetar las emociones en «buenas» o «malas», buscando desesperadamente la alegría y huyendo de cualquier sentimiento que nos cause dolor. Sin embargo, en nuestra reciente intervención en el espacio «En Familia» de la Cadena COPE, Diego Velicia, del Centro de Orientación Familiar, nos invita a cambiar esta perspectiva: la tristeza no solo es inevitable, sino que tiene una función vital y necesaria para nuestra salud emocional.
Más allá de la amargura: El «repliegue» necesario
Es común pensar que la tristeza solo sirve para amargarnos el día o quitarnos la ilusión. Y es cierto que, cuando estamos tristes, nuestro cuerpo y nuestra mente «frenan». Perdemos las ganas de salir, miramos el móvil sin verlo realmente o simplemente queremos estar en el sofá sin hacer nada.
Diego Velicia nos explica que este fenómeno es un mecanismo de defensa natural. La tristeza provoca un repliegue sobre nosotros mismos. Al igual que un animal herido se retira para sanar, la tristeza nos quita la energía exterior para obligarnos a mirar hacia adentro. Es el tiempo necesario para «lamerse las heridas» y hacer la digestión emocional de lo que nos ha sucedido.
Honrar lo que hemos perdido
Quizás la función más hermosa de la tristeza es la de dar valor a lo vivido. La tristeza surge habitualmente ante una pérdida, ya sea de un ser querido, un empleo, o incluso la confianza en un amigo. Si pasáramos por estas pérdidas «como si nada», estaríamos restando importancia a lo que esas personas o situaciones significaron para nosotros.
Sentir dolor es una forma de honrar esa pérdida. Como señala Diego, la tristeza valida que aquello que ya no está era importante y real. Es, en cierto modo, un homenaje interno a lo que amamos.
Un aliado incómodo que busca consuelo
Finalmente, la tristeza tiene una poderosa función relacional. A diferencia de la ira, que suele alejar a las personas por miedo o rechazo, la tristeza actúa como una señal de socorro silenciosa. Al vernos vulnerables, los demás tienden a acercarse, a ofrecernos su apoyo y compañía. La tristeza facilita el consuelo, permitiendo que el entorno nos cuide cuando nosotros no tenemos fuerzas para hacerlo.
Intentar eliminar estas emociones o reprimirlas nos lleva a lo que Velicia llama «vivir a medio gas». Aceptar la tristeza como un aliado incómodo pero necesario nos permite transitar el duelo, sanar y, eventualmente, volver a la vida con mayor plenitud.
¿Te sientes desbordado por la tristeza? Recuerda que todas las emociones son pasajeras, pero si sientes que te estancas, en el COF Diocesano de Valladolid estamos aquí para acompañarte. No tienes que hacerlo solo.
