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No te pidas tareas imposibles: La diferencia entre lo que hacemos y lo que nos sucede

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¿Alguna vez te has propuesto firmemente dormirte pronto porque al día siguiente tienes un examen o una reunión importante, y cuanto más te obligas, más despierto te sientes? No eres tú, es la naturaleza de nuestra mente.

Esta semana en nuestra sección «En Familia», el psicólogo Diego Velicia nos invita a reflexionar sobre una trampa en la que caemos a menudo: intentar controlar mediante la voluntad procesos que, sencillamente, no son voluntarios.

¿Lo haces o te sucede?

Diego nos explica que es fundamental distinguir entre las acciones que podemos ejecutar directamente (como tocar un micrófono o caminar) y aquellas que nos suceden (como dormir, olvidar o sentir).

  • Dormir: Por mucho que cierres los ojos con fuerza, el sueño es algo que te «atrapa», no algo que tú «haces».
  • Olvidar: Intentar olvidar algo activamente es la mejor forma de recordarlo. Al decirnos «tengo que olvidar que hoy es martes», nuestra mente se enfoca precisamente en el dato que queremos borrar.
  • Sentir: No podemos obligarnos a estar alegres cuando estamos tristes solo por decreto.

La paradoja del esfuerzo: ¿Por qué empeoramos al intentarlo?

Cuando intentamos cambiar algo que nos sucede de forma directa, solemos empeorar la situación. Esto genera una gran frustración y ansiedad. Por ejemplo, si alguien nos ha hecho daño e intentamos «obligarnos» a olvidarlo, el esfuerzo constante mantiene la herida abierta y presente, sumando al dolor original la frustración de no poder controlarlo.

Estrategias indirectas para un cambio real

Entonces, ¿qué podemos hacer? Diego sugiere dejar de pelear de frente y usar la vía indirecta:

  1. Enfocarse en la higiene del proceso: Si no puedes «hacer» el sueño, puedes cuidar el ambiente: evitar el café, dejar las pantallas y crear un entorno relajado.
  2. Concentración en otras tareas: Para que un recuerdo pierda fuerza, lo mejor es poner nuestra atención plena en el presente (cocinar, trabajar, charlar con amigos). Al ocupar la mente en otras cosas, aquello que queremos olvidar pasa, poco a poco, a un tercer plano.
  3. La paradoja del tiempo dedicado: A veces, funciona reservar un momento específico del día para recordar voluntariamente aquello que nos inquieta, evitando así que el pensamiento nos asalte durante el resto de la jornada.

En definitiva, se trata de ser más amables con nosotros mismos y no pedirnos imposibles. Aceptemos lo que nos sucede para poder gestionar mejor lo que sí podemos hacer.

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