A menudo, los padres, profesores y catequistas suspiramos aliviados cuando nos encontramos con un niño «bueno» y obediente. Ese niño que asiente a la primera, que no cuestiona y que nos ahorra conflictos diarios parece ser el ideal de la educación. Pero, ¿y si esa obediencia ciega fuera, en realidad, un riesgo para su futuro?
En el espacio «En familia» hemos explorado los matices de un verbo que solemos idealizar: obedecer. Aunque de entrada nos resulte cómodo que los chicos no den «guerra», existe una creencia errónea de que la obediencia conduce directamente a la responsabilidad. La realidad es que muchos niños muy dóciles, al llegar a la adolescencia, simplemente cambian el foco de su obediencia: dejan de hacer caso a sus padres para empezar a obedecer ciegamente a sus iguales, metiéndose en problemas solo porque «otros se lo dicen».
De obedecer a elegir: La importancia de la autonomía
La verdadera responsabilidad no nace de seguir órdenes, sino de la autonomía. Para que un joven sea responsable, debe ser capaz de:
- Analizar la situación que vive.
- Comprenderla de forma crítica.
- Decidir qué comportamiento desarrollar.
La obediencia absoluta nos ahorra estos pasos, pero también anula el entrenamiento necesario para juzgar la realidad.
La familia: El mejor «colchón» para aprender a decir «no»
La frase de Lorenzo Milani: «Desde Hiroshima y Nagasaki, la obediencia ya no es una virtud» nos invita a fomentar niños responsables, no caprichosos. No se trata de aplaudir la rebeldía sin sentido, sino de entender las motivaciones de su negativa.
Si un niño se opone a una instrucción en casa, se está entrenando para saber decir «no» en el futuro a un amigo, a una pareja o a un jefe que dé una orden injusta. La familia es el entorno ideal para este aprendizaje porque ofrece el colchón afectivo necesario para explorar, equivocarse y expresar opiniones propias sin miedo al rechazo.
Educar en la responsabilidad es más cansado que educar en la obediencia, pero es el único camino para que, el día de mañana, nuestros hijos sepan elegir el bien por convicción y no por sumisión.
