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Comunicación en Pareja y Familia: ¿Quejarse o Criticar?

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Esta semana en «En familia», con la colaboración del COF Diocesano de Valladolid, abordamos un tema crucial en las dinámicas relacionales: las diferencias y similitudes entre quejas y críticas en la familia y pareja.

Ambos, quejas y críticas, parten de un deseo positivo de expresar lo que nos disgusta o molesta del otro o de la relación. Sin embargo, la manera en que lo hacemos marca una diferencia abismal en la salud de nuestro vínculo.

El Peligro de la Crítica

La crítica es definida por Diego Velicia como una descalificación global. Cuando le decimos a nuestra pareja, «no te importo nada», o a nuestro hijo, «eres un cerdo» por tener su habitación desordenada, no estamos señalando un hecho, sino calificando a la persona en su totalidad.

¿Qué efecto provoca la crítica?

  • Se pone a la defensiva: El receptor suele responder con un «y tú más» o se refugia en la excepción para desarmar la crítica.
  • Se desactiva rápidamente: Al ser una descalificación absoluta e injusta, es fácil para el criticado invalidarla.
  • Es dañina y crea espirales: Especialmente en las relaciones de pareja, el exceso de crítica puede ser dañino y crear una espiral de confrontación, donde la actitud defensiva acentúa la crítica y viceversa.

En definitiva, la crítica resulta ser una forma de comunicación que, aunque común, es muy poco efectiva para generar un cambio constructivo.

La Queja: El camino hacia la Comunicación Efectiva

A diferencia de la crítica, la queja se centra en señalar un hecho o varios hechos concretos. En lugar de decirle a su hijo «eres un cerdo», el padre podría señalar: «mira, tienes la cama sin hacer, los libros en la mesa, la ropa tirada por el suelo». O a la pareja: «quedaste en llamarme al salir de trabajar y no lo has hecho».

¿Por qué la queja es mejor?

  • Es indiscutible: Los hechos son hechos (la cama está hecha o no está hecha). Esto permite abordar la situación sin que el otro se sienta calificado o atacado en su esencia.
  • Permite el diálogo: La queja pone el tema sobre la mesa y permite que la pareja o familia hable sobre ello, incluso si la conversación no es agradable.
  • Evita la espiral de confrontación: La queja es mucho menos propensa a desencadenar un reproche tras otro, facilitando el abordaje del problema.

Un Consejo Final: ¡Nunca Callar!

Si bien el silencio puede parecer una opción para evitar conflictos, el psicólogo Diego Velicia advierte que «callarse es malo». Callar supone asumir que ese componente de desagrado no puede expresarse, lo que produce una acumulación interna que puede derivar en estallidos o, peor aún, en una distancia emocional en la relación.

Es importante expresarnos, y la clave está en hacerlo de forma asertiva. Es mucho mejor aprender a quejarse (señalar hechos) que a criticar (descalificar personas).

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